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Washington debería tomar nota del avance de China en Brasil

China participa en diferentes sectores en el país más grande de América Latina
<p>Reunión de los presidentes miembros de los BRICS (imagen: <a href="http://en.kremlin.ru/events/president/news/55515/photos/50064" target="_blank" rel="noopener">kremlin</a>)</p>

Reunión de los presidentes miembros de los BRICS (imagen: kremlin)

En la foto oficial de la novena cumbre anual del BRICS, celebrada en septiembre de 2017 en Xiamen, China, fueron pocos los líderes allí reunidos que parecieron estar más incómodos que el presidente de Brasil, Michael Temer, al lado del grupo, sosteniendo la mano del presidente ruso Vladimir Putin. Un hecho que pasó desapercibido para los Estados Unidos, a pesar de su orientación conservadora, pero esto sucede en parte ya que esta orientación resulta favorable hacia las empresas, el presidente Temer está presidiendo un importante avance en la posición comercial de la República Popular China en su país.

En poco más de una década, las empresas chinas han realizado 87 proyectos confirmados en Brasil, con una inversión acumulada de 46.800 millones de dólares. Desde el año 2015, los chinos han invertido más de 19.000 millones de dólares en el país y, en el 2017, superaron a los Estados Unidos como la mayor fuente de inversión extranjera de Brasil.

El enorme potencial de la actividad económica de la República Popular China en Brasil fue presentado en el 2009 por el entonces presidente Lula de Silva, quien negoció un préstamo de $ 10 mil millones de dólares otorgado por el Banco de Desarrollo de China a la empresa brasileña Petrobras. Sin embargo, la inversión real comenzó a despegar en el 2010, con una serie de importantes adquisiciones, incluyendo la compra de 3.100 millones de dólares por parte de Sinochem de las participaciones petroleras brasileñas a la compañía noruega Statoil, la compra en el 2010 de 7 instalaciones de transmisión en Brasil a cargo de la compañía de electricidad china, Grid, y la adquisición de otras 7 instalaciones de la compañía energética ACS en 2012.

La primera etapa de China como inversor “sobre el terreno”  en Brasil también incluyó una serie de enormes  compras en dólares de empresas brasileñas con intereses minoritarios, incluyendo una inyección de $ 7.1 mil millones de Sinopec en las operaciones de Brasil de la compañía española Repsol, la compra de 5,2 mil millones de dólares de Sinopec en el  2011 sobre una participación del 30 por ciento en la compañía petrolera Galp, la compra de Sinochem en  2012 sobre una participación de 10 por ciento en Perenco y la compra del 15 por ciento durante el 2012 a la compañía, dedicada a metales poco comunes de la tierra, CBMM por parte del grupo chino Baosteel.

En el sector de la fabricación, la creciente presencia china también incluyó el establecimiento de instalaciones de ensamblaje final en el país,  a cargo de los fabricantes de automóviles chinos JAC y Chery, y los fabricantes de equipos pesados Sany y XCMG, entre otros.

Las crisis políticas, económicas y los casos de corrupción, reforzadas mutuamente, que han azotado a Brasil desde 2014, eclipsaron y hasta cierto punto paralizaron el avance de la inversión china en el país. Sin embargo, durante el año pasado, la posición comercial de China en Brasil ha progresado considerablemente, en gran medida más allá de la atención de Washington, que ha estado distraída en otros asuntos. En parte, tales avances se han producido debido a la crisis económica de Brasil, que ha obligado a una liquidación de activos corporativos. Otro factor que ha incidido es la crisis política, que ha hecho de la RPC un vehículo atractivo para ayudar al impopular gobierno de Temer a exhibir resultados en el plano económico.

Algunos de los avances más impresionantes de China han llegado desde el sector de generación y transmisión de energía de Brasil. La creciente presencia china en esta área incluye a State Grid, que en 2017 completó una compra por 10.800 millones de dólares de la eléctrica CPFL, y durante la cumbre del BRICS en septiembre de 2017, recibió la autorización del gobierno brasileño para concretar su proyecto de línea de transmisión valuado en  3.500 millones de dólares, conectando la nueva planta hidroeléctrica de Belo Monte, en el estado de Pará, con los principales centros urbanos del sur de país.

En 2016, China Three Gorges invirtió $ 1.2 mil millones para adquirir los activos brasileños de la compañía Duke Energy, mientras que otro gigante de la electricidad, la Corporación de Inversión de Energía del Estado (SPIC) gastó $ 2.5 mil millones en la adquisición de Pacific Hydro, otorgando importantes activos de generación eléctrica en Brasil y Chile. En 2017, SPIC gastó $ 2.400 millones en la compra de la planta hidroeléctrica de São Simão, la cual fue licitada por el estado brasileño, y ha ofrecido hacerse cargo de la participación de la Compañía Energética de Minas Gerais (Cemig) en el proyecto hidroeléctrico de San Antonio.

En el sector energético nuclear de Brasil, durante la cumbre del BRICS de septiembre de 2017 en Xiamen China, la Corporación Nuclear Nacional de China (CNNC) firmó un acuerdo para estudiar la finalización del reactor nuclear Angra 3, en desarrollo por más de 30 años, pero estancado desde 2015 por falta de dinero.

En materia de logística, las empresas chinas asumen el control e invierten en la ampliación de las principales instalaciones portuarias a lo largo de la costa atlántica brasileña, desde el delta del río Amazonas, pasando por la población local y hasta el centro comercial del sureste. Entre los principales proyectos se encuentran dos obras de China Communications and Construction Co. (CCCC): la Terminal Babitonga Bulk en el puerto de São Francisco do Sul y otra en el puerto de São Luís en Maranhão. Además, en septiembre de 2017, China Merchants Port Holdings (CMPort) compró el 90 por ciento de la firma brasileña TCP Participações por $ 922 millones, adjudicándose el control sobre la Terminal de Contenedores de Paranaguá.

En el rubro logística de la aviación, a principios de 2017, la firma china HNA adquirió una participación mayoritaria (51 por ciento) del aeropuerto de Río de Janeiro (Galeão), vendido por la empresa con graves problemas financieros, Odebrecht.

En el ámbito de la agricultura, aunque hubo intentos previos por parte de intereses chinos como Chongqing Grain para construir operaciones agroindustriales en el país no fueron capaces llevar adelante ciertos progresos, más recientemente empresas chinas han ido adquiriendo poco a poco compañías con activos agroindustriales preexistentes y tecnologías de interés en Brasil. Algunos ejemplos incluyen la adquisición de HK Noble por parte de China Overseas Food Corporation (COFCO) en 2014, y recientemente en 2017, el interés de adquirir la refinería de azúcar en estado de quiebra, Revati de la compañía india Renuka. Del mismo modo, en 2016, Pengxin adquirió participaciones mayoritarias en las empresas agroindustriales brasileñas Fiagril (por $ 290 millones) y Belagricola (por $ 253 millones), convirtiendo a Pengxin en un importante comerciante de soja y granos brasileños. En 2017, la corporación Dow vendió su operación Agro Sciences en Brasil a la firma china CITIC por $1.100 millones de dólares.

Desde hace más de una década, las empresas chinas Huawei y ZTE han hecho progresos significativos como proveedores de infraestructura y hardware, incluyendo el establecimiento de una importante instalación de servicio al cliente y pruebas en San Pablo en octubre de 2015. Más allá de la creciente posición de estos dos firmas chinas, el gigante de las telecomunicaciones China Mobile, con sede en la República Popular China, ha amenazado con ingresar al país de manera dramática, con la posible adquisición de la fallida empresa brasileña Oi y así, podría crear China Mobile Oi, con más de 63 millones de suscriptores. Además de abastecer al mercado local, China Unicom y Huawei planean construir un cable submarino de telecomunicaciones de 6.000 millas a través del Atlántico, conectando Fortaleza Brasil con la nación africana de Camerún.

La medicina es un sector en el cual la República Popular China ha tenido poca presencia en América Latina, durante el 2017 el grupo chino Meheco, respaldado por el Banco de Desarrollo de China, firmó un acuerdo para ingresar al estado de Ceará para construir allí instalaciones médicas, y abastecerlas con equipamiento médico de origen  chino – actividades que concentran un valor de hasta $ 4 mil millones.

En materia de finanzas, Brasil ha sido el principal receptor de préstamos fuera de los países de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de las Américas (ALBA). Además del préstamo mencionado anteriormente a Petrobras en el 2009, el Banco de Desarrollo de China otorgó un segundo préstamo de 10.000 millones de dólares en 2016. Además, el gobierno brasileño firmó un acuerdo de cambio de divisas por 30.000 millones de dólares en 2013. Además de estos préstamos e instrumentos financieros, el Banco de Construcción de China (CCB, por sus siglas en inglés) y el Banco de Comercio Internacional de China (ICBC, por sus siglas en inglés) han ingresado al país para operar como bancos a nivel local. Además, el fondo de capital chino FOSUN abrió recientemente una nueva oficina en San Pablo, adquiriendo el edificio Torre Sucupira convirtiéndose en la principal inmobiliaria del distrito financiero de la ciudad.

Si los recientes avances de China en Brasil son, en conjunto, favorables para el país, sería una cuestión de perspectiva. Sin embargo, es un fenómeno importante, en gran medida oscurecido por el drama de las crisis nacionales, que está transformando el panorama empresarial del país. Los responsables en la formulación de políticas en los Estados Unidos y empresas estadounidenses, distraídos por la propia turbulencia política en los Estados Unidos, deberían tomar nota de esta situación.

Ese artículo se publicó originalmente en Newsmax.com