Polución

¿China puede cumplir con sus metas de calidad del aire de 2017?

Cambios importantes serán necesarios para observar un verdadero progreso
<p>Estadio olímpico de Beijing (imagen: <a href="https://www.flickr.com/photos/rytc/1060672719" target="_blank" rel="noopener">flickr </a>)</p>

Estadio olímpico de Beijing (imagen: flickr )

Cuando en el 2013, China lanzó su Plan Quinquenal de Acción contra la Contaminación del Aire, hubo un reconocimiento que el problema del smog debía ser controlado en el país. A medida que el plan ingresa en su último año, los datos oficiales indican que se están haciendo progresos a largo plazo para mejorar la calidad del aire en términos generales. Sin embargo, la continua aparición de grandes eventos de contaminación del aire exhibe que todavía queda mucho camino por recorrer.

Objetivo general, en curso

La concentración de partículas finas es una medida clave de la calidad del aire en China. Las partículas de 2,5 micrómetros de diámetro o menos (PM2.5) conllevan una especial preocupación ya que pueden alojarse en los pulmones y en el cerebro, y entrar en el torrente sanguíneo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una concentración anual media de 10 microgramos por metro cúbico (μg/m3) o superior a PM 2.5 se considera insegura, con una exposición a largo plazo a concentraciones más altas que aumentan el riesgo de muerte prematura.

Los objetivos de China establecen que los tres núcleos urbanos claves, Beijing – Tianjn – Hebei, en el norte y en el delta de Pearl y Yangtze, en el sureste, deben reducir los niveles de PM2.5 en un 15%, 25% y 25%, respectivamente, hacia el final del 2017. En Beijing, específicamente, la concentración media anual de PM2.5 debe ser de 60 μg/m3 o menos, en comparación con los 89.5 μg/m3 del 2013. El promedio anual de partículas más grandes (PM10) debe disminuir al menos en un 10% en todas las ciudades.

Alcanzar estos objetivos plantea un reto importante. En 2013, cuando 74 ciudades comenzaron a publicar datos sobre los niveles de PM2.5, 71 no alcanzaron con el objetivo «provisional» más flexible de la OMS, que establecía un promedio anual de 35 μg/m3. El gobierno afirma que la calidad del aire ha mejorado desde entonces. El ministro de Protección Ambiental de China, Chen Jining, sostuvo en una conferencia de prensa a comienzos de año que la calidad del aire mejoró un 30% en 2013 en los tres grupos de ciudades, señalando que algunos de los objetivos se están cumpliendo a tiempo.

Esta afirmación se encuentra respaldada por una evaluación de la gestión de la calidad del aire a cargo de la Alianza para el Aire Limpio de China, publicada en agosto de 2016. Se demostró que varias ciudades del grupo propuesto habían alcanzado la meta de 2017 para fines de 2015, dos años antes de lo previsto. Los datos del Ministerio de Protección Ambiental (MEP) de China también exhibieron que el número de ciudades que alcanzaron el objetivo provisional de la OMS, en la primera mitad de 2016, había aumentado del 4% en el 2013 a casi el 25%.

«Parece ser que los objetivos pueden cumplirse», dijo Ke Kebin, director de la Escuela de Medio Ambiente de la Universidad Tsinghua.

Aunque es optimista, Kebin también advirtió que la meta de Beijing de 60 μg/m3 será difícil de cumplir. Los niveles promedio en la ciudad para el 2016 fueron de 73 μg/m3, a pesar del reciente aumento estacional que registró una suba en los niveles de hasta 1.000 μg/m3 durante cierto período de diciembre.

Una tarea difícil para Beijing

La contaminación del aire se convirtió en uno de los problemas políticos y ambientales más destacados cuando la Embajada de Estados Unidos en Beijing comenzó a publicar sus mediciones en las redes sociales en 2008. Antes de esto, había poca conciencia sobre los niveles de PM2.5. Aunque la capital no posee la peor calidad del aire del país, el tema está recibiendo  mayor atención porque es la sede de las oficinas de organizaciones de medios y organismos internacionales.

Beijing ha experimentado caídas permanentes en los niveles anuales de PM2.5 en los últimos tres años, en un principio sólo del 4%, pero más recientemente alcanzó hasta un 10%. Se espera que los niveles de contaminación en la capital sean de 66 μg/m3 en 2017, según datos aportados por la Oficina de Protección de Beijing, distanciándose un poco del objetivo de 60 (el objetivo nacional aplicado a todas las ciudades).

A pesar de las reducciones en los niveles medios de la contaminación del aire, acontecimientos importantes sobre contaminación a corto plazo continúan sucediendo, incluyendo la primera alerta roja oficial de Beijing en diciembre de 2015, y nuevamente en diciembre pasado. En el primer día del 2017, grandes áreas de Beijing tuvieron concentraciones de PM2.5 que alcanzaron los 500 μg/m3. Este umbral desencadenó medidas de emergencia más duras, incluyendo la prohibición de vehículos contaminantes y cierres de industrias.

Chen Jining mantiene la esperanza de que los objetivos puedan cumplirse. Argumenta que la estructura económica de Beijing ha mejorado y que la ciudad está ahora en una mejor posición, junto con Tianjn y Hebei, para tomar medidas más directas para combatir la contaminación.

En julio, el MEP y los gobiernos de Beijing, Tianjn y Hebei publicaron de manera conjunta una serie de medidas sobre la contaminación del aire que se adoptarán en 2016 y 2017, constituyendo un intento por adoptar medidas más específicas.

Las medidas incluyen el cierre continuado de pequeños parques industriales no oficiales que albergan fábricas contaminantes en el exterior de las ciudades; el reemplazo de las estufas de carbón utilizadas por los aldeanos; y la reducción del número de vehículos contaminantes.

Más allá del plan de acción

Garantizar una reducción continua de la contaminación del aire del 2018 en adelante, requerirá una mayor atención en la reducción de las fuentes de las emisiones. Catherine Witherspoon, ex directora de la Junta de Recursos del Aire de California, comparó el enfoque actual de China con los planes a largo plazo que había establecido California hace varias décadas atrás y destacó que China continúa apoyándose en medidas de «emergencia».

Esto se deduce en el uso frecuente de «órdenes gubernamentales», que son intervenciones a corto plazo para frenar las emisiones. Por ejemplo, las industrias contaminantes en Hebei, que suministra una octava parte del acero del mundo, recibieron una orden de clausura durante 45 días en el mes de noviembre.

Según un informe de 2013 de la Academia China de Ingeniería, las medidas de emergencia tomadas durante las alertas rojas representan alrededor del 20% de la mejora en los niveles PM2.5 de Beijing.

«Pero no puedes cerrarte para siempre», dice Witherspoon. Si bien considera que China puede alcanzar sus objetivos de contaminación del aire para el 2017, sostiene que cinco años es un plazo demasiado corto para lograr una transición industrial y energética estable o un desarrollo social sostenible. Ella aboga por un enfoque más centrado en las mejoras tecnológicas.

Los cierres de emergencia suponen un costo social. Elaine Chang, ex directora del Distrito de Administración de Calidad del Aire de la Costa Sur de California, afirmó en los Blue Tech Awards que la clave del éxito en el tratamiento de la contaminación del aire es la aplicación de un enfoque paciente que tome en cuenta los costos sociales derivados de la caída de los salarios y la pérdida de empleos industriales, que deben limitarse en la medida de lo posible.

Las soluciones rápidas pueden dañar también los esfuerzos a largo plazo para descarbonizar la economía, favoreciendo a las tecnologías existentes y baratas sobre las alternativas. Por ejemplo, la energía del carbón se sustituye a menudo por el gas natural en lugar de la energía eólica o solar, ya que es más rápido y más fácil hacerlo.

Lidiar con la contaminación del aire es una tarea difícil para China. Cuando la contaminación urbana, la mala calidad del aire y las emisiones de carbono resultantes del desarrollo económico permitieron elevar el nivel de vida, garantizar un mayor desarrollo significa encontrar formas de resolver esos problemas sin perjudicar el crecimiento económico.

Kebin espera que China pueda cumplir  con el objetivo provisional  de la OMS más rápido de lo que lo hizo Estados Unidos, que tardó unos 50 años. Pero a pesar de los rápidos progresos, todavía tardará una década o más en ponerse al día, asegura.

Ese artículo se publicó primero en chinadialogue.net